Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer.

Gustavo Adolfo Bécquer.

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El 17 de Febrero de 1836 nació en Sevilla el poeta y escritor romántico Gustavo Adolfo Bécquer. Apasionado dela música y el folclore, su obra, tanto literaria como periodística, dejó traslucir sus inquietudes, llegando incluso a publicar una Historia de los templos de España.

En 1854 se trasladó de Sevilla a Madrid, donde colaboró en publicaciones periódicas como La España musical y literaria o El Porvenir. Desde 1860 trabajó en el diario conservador El Contemporáneo, en el que verían la luz muchos de sus escritos como las “Cartas literarias a una mujer” y algunas de sus leyendas y relatos. Sus colaboraciones en distintos periódicos fueron reportándole una fama creciente. Cuando falleció en 1870, gracias a la iniciativa de sus amigos, que recopilaron sus escritos, éstos vieron la luz conjuntamente en dos volúmenes en 1871.


“Muerto seré más reconocido que vivo”.


Sus afamadas rimas fueron escritas en 1867, pero perdió el manuscrito durante la Revolución de 1868. Lo reconstruyó casi de memoria, y con la ayuda de algunas que habían sido publicadas en los periódicos de la época. Le dio el título de “El libro de los gorriones” y se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid. En ellas se entrecruzan, en versos asonantes, los recuerdos, el amor, el desengaño, la desesperanza y la muerte.

Muerte.

Su vida se apagó en Toledo, aquejado por una enfermedad que lo acompañaba desde 1858, el 22 de diciembre de 1870, en plena juventud (34 años), tres meses después del fallecimiento de su hermano en septiembre. Entre sus últimos deseos, solicitó a su amigo, el poeta Ferrán, que quemase sus cartas personales, para impedir su deshonra, y que publicasen sus versos. Dijo que “muerto seré más reconocido que vivo”, y su premonición se cumplió. Los restos de ambos hermanos yacen en Sevilla, donde fueron trasladados en 1913.
Bécquer se ha convertido en uno de los poetas más queridos por el público en general, y es difícil que su poesía no guste a alguien. Su popularidad es tal que muchos conocemos de memoria algunos de sus poemas y también que guste leerle incluso a los que no son aficionados a la poesía. Es una pena que él no pudiera ver ni conocer el éxito de su obra, al igual que muchos artistas que han pasado a la posteridad sin saberlo, sin haber disfrutado del reconocimiento y la fama en vida.
Aquí tenéis una de sus Rimas más conocidas que, aunque se lea muchas veces, siempre emociona de la misma manera.

RIMA VI.

No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía.
Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,
mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!
Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,
mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!
Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;
mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan,
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!
Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,
mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa,
¡habrá poesía!

 

Escrito por: Charo Baglietto.

Revista: Ciencia, Misterio y más.

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